domingo, 8 de agosto de 2010

Tres años después, se ha hecho poco



Reconstrucción a paso lento. El sismo de 2007 dejó inhabitables casi 76 mil viviendas en el Sur. Hasta ahora solo se han construido 7 mil. Apenas el 9%.
Autor: Óscar Miranda
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Parada sobre los escombros de lo que alguna vez fue su casa, en El Guayabo, Chincha, Roberta Alcarraz (24) no puede ocultar la pena. Tres años después del sismo más destructor de nuestra historia, Roberta, su esposo y sus dos hijos siguen viviendo en un módulo de madera. Sus padres duermen en una improvisada choza de carrizo, allí en donde era el corral de las aves. Tras la tragedia, José Alcarraz (70) tardó año y medio en obtener su título de propiedad y nunca alcanzó el reparto del Bono 6000. Hoy, la familia se encomienda a una ONG que le ayuda a tramitar el Bono Habitacional para construirles una casita de 7 x 5 metros.

Como los Alcarraz, en Chincha, Pisco e Ica son miles las familias que continúan viviendo en módulos temporales, en casuchas o entre las paredes rajadas de lo que todavía llaman hogar. Según datos del Ministerio de Vivienda, en estas tres provincias, el sismo dejó inhabitables 64,868 casas. Si se incluyen las provincias afectadas de Lima y Huancavelica, la cifra crece a 75,786. El viernes, el titular del sector, Juan Sarmiento, anunció –no sin orgullo– que ya se han construido más de 7 mil viviendas para todas esas familias damnificadas. Es decir, apenas el 9% de las que se necesitan.

SIN TÍTULOS. El viento sopla con violencia en Alto El Molino. Lo que antes era un descampado de 25 hectáreas es habitado ahora por 1,186 familias que llegaron de Pisco Playa, Leticia, Sabatinga y media docena de barrios más, atraídas por el rumor de que allí habría casas para todos. Eso fue hace poco menos de tres años. Hoy todavía no hay una sola construcción que no sea de quincha o esteras. Y nadie es dueño aún de la tierra sobre la que duerme.

Francisco Cartagena (54), presidente de la central de asociaciones de vivienda de Alto El Molino, es optimista pero, claro, es candidato a regidor con el alcalde de Pisco, Juan Mendoza, para algunos el culpable de que las cosas sigan como están. Cartagena dice que la expropiación del terreno –son 11 las empresas afectadas– avanza a buen ritmo. Algunos moradores ya están hartos y él lo sabe. “Hay gente que tiene algo de dinero y quiere empezar a construir pero no tiene título”, se lamenta.

Jaime Tijero (46), dueño de un módulo de 3 x 5 metros, es uno de los numerosos vecinos de Pisco Playa que extrañan al ex ministro Francis Allison, lo que da cuenta de su nivel de desamparo. “Vino el año pasado y ofreció casas antisísmicas. Pero lo sacaron. Al ministro de ahora nunca lo he visto”, dice. Tras el sismo, Indeci determinó que Pisco Playa era una zona de alto riesgo y que sus habitantes debían ser reubicados. Muchos se fueron a Alto El Molino mientras que otros, como Tijero, insisten en reconstruir lo que se vino abajo. A unos metros, un grupo de niños corretea entre las ruinas de lo que queda de la Plazuela Colón.

PROGRAMAS. En Pisco, como en el resto de provincias afectadas, el Gobierno trata de resolver el problema de la vivienda con los programas Techo Propio y Nuevo Crédito Mivienda. En Pisco hay cuatro proyectos habitacionales de Mivivienda y al menos una docena de empresas trabaja con Techo Propio en la reconstrucción en sitio propio. Pero la lentitud con la que avanza todo es exasperante.

Mientras tanto, las calles de la ciudad continúan asaltadas por obras de saneamiento y de instalación de conexiones de gas . Pisco está llena de tierra. El alcalde está orgulloso de su nuevo Boulevard del Pisco, pero el primer regidor, Fernando López Escalante, dice que tendrán que romperlo para colocar los tubos del gas. A la nueva avenida Fermín Tangüis le faltan 700 metros. La nueva comisaría, que se levantó con fallas de diseño, estará terminada recién a fin de año. Han transcurrido tres años desde el sismo y lo avanzado es poco