Opinión | Lun. 27 jul '09
Al entrar a su cuarto y penúltimo año, el presidente García debería abstraerse de lo que sus allegados le estén planteando, y reflexionar sobre las prioridades que debería fijar para el tramo final de su mandato. Qué mejor forma de hacerlo que revisar cuáles son las preocupaciones del ciudadano.
Para empezar, la sensación de inseguridad sigue aumentando. Según el último sondeo de Apoyo, el control de la delincuencia, de la corrupción, y del narcotráfico –todos aspectos vinculados al sector Interior–, son los tres temas que la opinión pública considera que más han empeorado en este gobierno. Se podría decir que el veredicto del pueblo a los cuatro ministros que ya pasaron por ese cargo es que han sido un rotundo fracaso.
Por tanto, sería fundamental elaborar un plan concreto y cuantificable con el flamante ministro, para asegurar que no se repita otro fiasco en el sector. Acercar la Policía al vecindario, liberar a los miles de efectivos desperdiciados al servicio de congresistas y funcionarios, para que protejan más bien al ciudadano, poner a cargo de la lucha anticorrupción a los más honestos policías. Son algunas medidas que hace años debieron haberse tomado, pero nunca es tarde para empezar a hacerlo.
Luego tenemos la aspiración del peruano de mejorar su nivel de vida, lo cual se logra recobrando un crecimiento económico adecuado. Este año, la disminución de 7% a 1% en la inflación ha incrementado la capacidad adquisitiva de la población. De esa manera, se ha amortiguado la desaceleración en el crecimiento del empleo y en el ingreso del trabajador. El próximo año ya no se contará con esa compensación, por lo que el gobierno tiene que ponerse las pilas para asegurar que crezcamos 5% y evitar que se genere más presión en la población.
Para ello, formalizar el empleo fomentando con convicción la Ley MYPE, reducir los sobrecostos para la inversión, eliminando trabas y obstáculos burocráticos, promover concesiones y facilitar la construcción de viviendas, son algunas tareas que tiene el gobierno.
Finalmente, está el reclamo de eliminar la pobreza, lo cual requiere no solo crecimiento, sino también una reforma a fondo de los programas sociales que, hasta la fecha, muy poco han aportado al poblador. Ojalá el presidente escuche lo que la gente quiere, y no lo que le dicen sus partidarios o allegados.
Para empezar, la sensación de inseguridad sigue aumentando. Según el último sondeo de Apoyo, el control de la delincuencia, de la corrupción, y del narcotráfico –todos aspectos vinculados al sector Interior–, son los tres temas que la opinión pública considera que más han empeorado en este gobierno. Se podría decir que el veredicto del pueblo a los cuatro ministros que ya pasaron por ese cargo es que han sido un rotundo fracaso.
Por tanto, sería fundamental elaborar un plan concreto y cuantificable con el flamante ministro, para asegurar que no se repita otro fiasco en el sector. Acercar la Policía al vecindario, liberar a los miles de efectivos desperdiciados al servicio de congresistas y funcionarios, para que protejan más bien al ciudadano, poner a cargo de la lucha anticorrupción a los más honestos policías. Son algunas medidas que hace años debieron haberse tomado, pero nunca es tarde para empezar a hacerlo.
Luego tenemos la aspiración del peruano de mejorar su nivel de vida, lo cual se logra recobrando un crecimiento económico adecuado. Este año, la disminución de 7% a 1% en la inflación ha incrementado la capacidad adquisitiva de la población. De esa manera, se ha amortiguado la desaceleración en el crecimiento del empleo y en el ingreso del trabajador. El próximo año ya no se contará con esa compensación, por lo que el gobierno tiene que ponerse las pilas para asegurar que crezcamos 5% y evitar que se genere más presión en la población.
Para ello, formalizar el empleo fomentando con convicción la Ley MYPE, reducir los sobrecostos para la inversión, eliminando trabas y obstáculos burocráticos, promover concesiones y facilitar la construcción de viviendas, son algunas tareas que tiene el gobierno.
Finalmente, está el reclamo de eliminar la pobreza, lo cual requiere no solo crecimiento, sino también una reforma a fondo de los programas sociales que, hasta la fecha, muy poco han aportado al poblador. Ojalá el presidente escuche lo que la gente quiere, y no lo que le dicen sus partidarios o allegados.