Sergio Salas Villalobos.
En la política nacional, pasa lo mismo que en el fútbol: la ausencia dramática de líderes. Alguna vez, alguien me preguntó qué requisitos se necesitaban para formar un partido político. La pregunta es válida desde el punto de vista formal, ya que toda agrupación política debe cumplir ciertas formalidades para inscribirse en el JNE. Sin embargo, el primer requisito fundamental al margen de las exigencias de tipo legal, es poseer una doctrina nacional. 
Por doctrina se entiende un cuerpo de ideas o postulados sostenidos en una base científica y que identifican una serie de principios sólidos que a su vez delinean una forma de actuación sobre el sistema al cual se deben. Precisamente estas ideas determinadas metodológicamente forman lo que se denomina ideología; y esta a su vez, dará paso a la definición de "políticas" a ejecutar en un determinado sistema.
Así por ejemplo, en el PJ se identifica una ideología judicial sobre la doctrina de la Justicia Democrática que dará paso a la definición de políticas institucionales para ser propuestas como políticas de Estado en el rubro de justicia. Del mismo modo, cualquier organización, asociación o empresa, se forman y desarrollan sobre fines y objetivos, para dar paso a las políticas de desarrollo para conseguirlos.
De una doctrina se dice que tiene base científica, en la medida en que al ser ideología, esta debe tener un tiempo de considerable vigencia, pero que sea capaz de adaptarse a los cambios y transformaciones en general. La ciencia muta, se transforma, avanza, no es estática; a diferencia de los dogmas, que son inmutables. Por ello, las ideologías deben estar actualizadas con los tiempos y realidades. Las ciencias sociales y políticas por tanto también experimentan estos procesos.
En el Perú, solo los partidos políticos clásicos han desarrollado doctrinas que los ubican en el escenario político social. Sin embargo, estas agrupaciones no han actualizado sus doctrinas a las nuevas tendencias mundiales. La actualización no debe quedar en el discurso. Debe fundamentalmente transcribirse en documentos que signifiquen los estatutos políticos a modo de principios. Por ello, estas doctrinas deben ser producto de las visiones que posean los líderes naturales de la clase política. Como en su tiempo lo hicieran Mariátegui, Haya de la Torre y otros ilustres líderes. Este esquema nos permite diferenciar al líder del caudillo. El líder natural debe desarrollar intelectualmente la doctrina. Es su papel fundamental.
La falta de líderes políticos, equivale en lo futbolístico a la ausencia de semilleros, pero en este caso por falta de dedicación intelectual. Un agregado. El líder político debe estar en condiciones de "traducir" el idioma popular al idioma político y viceversa, de manera que pueda tener cabida en ambos sectores; algo que no hemos apreciado mayormente en los discursos, salvo honrosas excepciones. Una clase política será de mayor prestigio, cuando aparezcan personas con dichas cualidades.