miércoles, 27 de enero de 2010

En emergencia por las lluvias

El Perú es un país de situaciones climáticas extremas. De un año marcado por la ausencia de lluvias podemos pasar a otro en que caen con tal abundancia que se transforman en amenaza para cultivos, propiedades, comunicaciones y vidas. Es lo que, con toda evidencia, tenemos hoy, incluso antes que el anunciado Niño leve que vaticinaron los especialistas se convierta en Niño severo.

Los primeros signos de que enfrentamos un año excepcionalmente húmedo los tuvimos en Huamanga y en las partes altas de Lima, en las que ocho distritos fueron declarados en emergencia. Sin embargo, lo ocurrido en la capital ha sido sobrepasado largamente por la catástrofe que vive la región Cusco, afectada por lluvias de tal intensidad que han multiplicado por 10 el caudal normal de sus ríos, que se han desbordado.

Es lo que ocurre con los ríos Vilcanota, Huatanay y Lucre, que han inundado extensas zonas de las provincias cusqueñas de Calca, Canchis, Urubamba, Quispicanchis, La Convención, Anta y la propia Ciudad Imperial. Algo similar ocurre en la región Apurímac. El fenómeno pluvial es de tal intensidad que ha ocasionado la interrupción del ferrocarril a Machu Picchu, dejando a unos 1,800 turistas varados que han debido ser trasladados en helicóptero.

En Cusco se habla de unas 3,000 viviendas afectadas, extensas zonas de cultivo inundadas, puentes arrasados por los ríos, siete personas fallecidas por derrumbes y unos 10,000 damnificados. Pero este conteo es parcial, pues a nivel país habría que agregarle daños en Junín, Tumbes, Puno y Huancavelica, regiones que también han sufrido lluvias particularmente intensas.

El gobierno ha respondido declarando en emergencia a las regiones de Cusco y Apurímac, lo que permite a sus autoridades disponer de hasta 10 millones de soles de sus fondos de canon para afrontar la situación. Al mismo tiempo ha destacado ayuda por medio de Defensa Civil. Es de temer, sin embargo, que estos fondos no sean suficientes para paliar tanta calamidad.

No hay que olvidar que la temporada de lluvias recién se inicia, y que quedan por delante los meses de febrero y marzo, en los que suelen caer más precipitaciones que en enero. Por lo mismo, en muy pocas semanas podríamos tener dos tercios del país en emergencia, lo que exige activar Comités de Defensa Civil, preparar hospitales y, aunque sea tarde, apurar trabajos de defensa y organizar un circuito de ayuda para decenas de miles de potenciales damnificados. En suma, prevenir, algo que todavía no aprendemos en el Perú.