domingo, 17 de enero de 2010

Haití devastado

Un sismo de 7.3 grados en la escala de Richter remeció la semana pasada el territorio haitiano. Su poder destructor fue potenciado por las condiciones de miseria en la que viven los nueve millones de habitantes de este país. Este es el trasfondo social de una gran tragedia.

“Todo temblaba, era como un baile, la gente salía de los vehículos, corría y gritaba”, relató a la agencia de noticias Efe un testigo del sismo que afectó a Haití el martes pasado. “Hemos visto fracturas abiertas, graves heridas craneales y, lo peor de todo, es que no podemos proporcionar a la gente los servicios quirúrgicos adecuados”, contó, por su lado, en son de mea culpa, Van Dillen, miembro de la ONG Médicos sin Fronteras y uno de los primeros voluntarios en llegar a Puerto Príncipe, la capital del país. Los testimonios de los últimos días dan cuenta de un territorio deshecho y de una nación moribunda.

¿Cómo pudo un cataclismo clasificado en 7.3 grados en la escala de Richter (0.6 grados menos que el terremoto en Pisco el 2007), causar la muerte de 100 mil personas, según el cálculo del primer ministro haitiano, Jean Max Bellerive el jueves último? Salvedades aparte –mientras en el caso peruano el epicentro se ubicó bajo el mar, a 77 kilómetros de la costa– en Haití el epicentro estuvo dentro de la isla, a 15 kilómetros de la capital. ¿Por qué en otras ciudades del mundo en que ha habido terremotos similares no se ha visto este nivel de destrucción humana y material? La respuesta está en la precariedad cotidiana de sus habitantes. De algún modo, Haití, antes de la semana pasada –y sin concitar la atención unánime de los medios y el afán altruista de los políticos más poderosos del orbe– ya sufría su propio terremoto interno.

País inviable

Alrededor de nueve millones de haitianos viven en una superficie de apenas 27 mil 750 kilómetros cuadrados, un territorio solo un poco más grande que la región La Libertad. Cerca del 70% de sus habitantes está en situación de extrema pobreza, ya que depende de la agricultura en un estado de subsistencia. Es decir, la mayoría de ciudadanos en este país siembra solo para comer y seguir viviendo. Para muchos los conceptos de agroexportación o economía globalizada son tecnicismos incomprensibles. Los cálculos oficiales señalan que solo el 52.95 de la población sabe leer y escribir. Pero la realidad es mucho más dramática: se estima que el 80% de haitianos con nivel educativo superior se ha ido al exterior en busca de un mejor futuro.

Se suele hablar de Haití como un país inviable. De hecho, ocupa la posición 150 de 177 naciones en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. Su geografía refleja cabalmente su miseria: la explotación forestal excesiva ha empobrecido un territorio del que cada vez se extrae más leña y madera. Esto también ha originado la erosión del suelo y una tremenda escasez de agua potable. En estas condiciones, las viviendas no pueden sino ser precarias: el material de construcción es débil y los terrenos, inestables.

Territorio en escombros

Según cálculos de Roger Searle, profesor de geofísica de la Universidad de Durham, en el Reino Unido, el terremoto haitiano –el primero en manifestarse en estas tierras luego de un silencio sísmico de 250 años– fue 35 veces más potente que la bomba de Hiroshima. Este dato se concretó en la imagen del palacio presidencial en escombros, la catedral nacional derruida y millares de pobladores sobrevivientes deambulando por las calles en busca de sus familiares muertos o desaparecidos. Por lo menos tres millones de haitianos fueron afectados directa o indirectamente por el cataclismo.

Uno de ellos se hizo conocido en internet con el apelativo de “Livesay”. A través de la red Twitter, este usuario ha narrado –lo sigue haciendo– distintos momentos de la tragedia. “Vimos unos cuantos cuerpos que fueron sacados de los escombros, muertos, en las aceras”, escribió primero. “Grupos religiosos cantan en toda la ciudad, toda la noche de oración. Es un sonido hermoso en medio de una horrible tragedia”, relató durante el sismo. Y cuando la tierra dejó de temblar, comentó: “El sol se puso poco después del gran terremoto. Salió ahora. Está inquietantemente silencioso”.

¿Y la reconstrucción?

“Reconstruir Haití no significa únicamente reparar estructuras físicas, sino también invertir en salud y educación. Este será un esfuerzo a largo plazo que podría llevar unos cinco años”, anunció hace poco Yvonne Tsikata, directora para el Caribe del Banco Mundial. Esto no parece una idea tan lejana si se toma en cuenta que esta institución ha donado 100 millones de dólares y que el Banco Interamericano de Desarrollo hizo lo propio con 200 millones. Si la ira de Dios existe parece haberse ensañado con un territorio repleto de carencias y desbarajustes sociales. Haití en estas horas sigue recogiendo a sus muertos. Con ellos parece cumplirse la vieja frase de que ‘siempre se puede caer más abajo’.

¿SI OCURRIERA EN EL PERÚ?

Entrevista a Hernando Tavera Huarache
Director del Área de Sismología del Instituto Geofísico del Perú.

¿Cuál sería el escenario en el Perú si tuviéramos un sismo como el registrado en Haití?

El tipo de viviendas que existe en Haití es muy similar al de muchas construcciones en nuestro país. Es posible que los daños que se generen sean similares o comparables. Si tuviéramos un terremoto con el epicentro frente a la costa de Lima, es muy probable que los daños sean mayores en aquellas zonas donde existen viviendas de adobe y quincha con mucha antigüedad, en las asentamientos humanos ubicados en las laderas de los cerros y en las riberas de los ríos, y en las casas construidas sobre suelos geológicamente inestables.

¿Lima está preparada para afrontar un sismo como el centroamericano?

Ninguna ciudad del mundo está realmente preparada para enfrentar un sismo como el que ocurrió en Haití o en Pisco. Solo lo podremos saber cuando este ocurra.

Pero se sabe que cada año hay cerca de 50 terremotos como el hatitiano en todo el mundo, solo que la mayoría de países se prepara para mitigar el nivel de destrucción y muerte en sus territorios. ¿La tragedia en Haití no tiene que ver, en parte, con su falta de educación sísmica?

Claro, el nivel de daño que pueda haber en una ciudad está directamente asociado con el tipo de suelo y la calidad de las construcciones. Esto no fue considerado por la población haitiana.

¿En el Perú se está haciendo los esfuerzos suficientes para difundir el modelo de vivienda antisísmica?

El papel del Instituto de Defensa Civil es bastante adecuado en cuanto a la difusión de mejoras en el sistema de las construcciones, y los municipios tienen en sus manos las normas de protección antisísmica. El problema es que la población no recurre a esta información, sino que prefiere actuar de manera informal. Allí tenemos el fenómeno de la autoconstrucción en la periferia de las ciudades. El daño potencial frente a la ocurrencia de sismos en esas zonas es muy alto.

¿Los peruanos hemos aprendido del sismo en Pisco?

Todavía no hemos asimilado la idea de la periodicidad sísmica, que indica que en un área en que ocurrió un terremoto en el pasado volverá a ocurrir otro en un plazo determinado. En un país altamente sísmico como el nuestro, lo extraño es que no ocurran más terremotos.